La mirada volátil

"Lo único que nos tapará la boca serán los besos"

Silencio

UNA- Silencio.

DOS – Venía de otro país, la cultura es diferente, están más atrasados.

TRES – ¿Pero por qué no le abandonó? No quiero decir que ella tenga la culpa pero no sé, yo no aguantaría eso. Si tan horrible es, te vas y ya está.

CUATRO – No había denunciado, ¿verdad? Es que así… ¿cómo las vamos a proteger?

CINCO – Hasta que no se demuestre lo contrario, hay que apelar a la presunción de inocencia.

SEIS – Dicen que ella tampoco era ninguna santa, le había puesto los cuernos.

SIETE – Es que ahora cualquiera va a denunciar a uno por maltrato y ya está, te joden la vida. Sin pruebas y sin nada ¿eh? estamos desamparados.

OCHO – ¿No te parece que ahora con 14 años ya van vestidas como si fuesen mayores? Con esos pantalones que se les ve medio culo… Luego pasa lo que pasa.

NUEVE – Hay cosas de las que ya no se puede opinar en público, las feminazis en seguida te tachan de lo que sea.

DIEZ – ¿Y de la custodia de los hijos qué? Nadie dice nada claro, solo interesan ciertos temas.

ONCE – Muy feminista, pero mira cuanto se maquilla.

DOCE – Cuando él la mantenía seguro que no se quejaba tanto.

TRECE – Yo no soy machista, me he criado entre mujeres. Quiero mucho a mi madre y a mi hermana ¿cómo voy a serlo?

CATORCE – También hay hombres maltratados ¿nosotros no contamos?

QUINCE – Silencio.

DIECISÉIS – A mí no me gusta controlar a mi pareja, pero veo normal querer saber dónde está o qué hace.

DIECISIETE – Mi jefa es una puta.

DIECIOCHO — La cerveza es para él y el té para ti ¿Verdad?

DIECINUEVE – ¿A quién se le ocurre volver a esas horas sola a casa? Hay que tener un poco de cabeza.

VEINTE – Me gustas porque tú no eres como las demás.

VEINTIUNA – No es por ser machista (que ya sabes que no lo soy) pero reconoce que la mayoría de mujeres conducen fatal.

VEINTIDÓS – Si te pones un escote hasta el ombligo es porque quieres que te miren, luego no vayas de mojigata.

VEINTITRÉS – Menuda madre, se va de viaje y deja a su bebé con el padre.

VEINTICUATRO – ¿Y por qué no se hacen manifestaciones cada vez que alguien tiene un accidente de tráfico?

VEINTICINCO – #Notallmen #Notodosloshombres

VEINTISÉIS – No puede llevarse a sus hijos. Todo el mundo tiene derecho a una segunda oportunidad. Además la denuncia de maltrato es hacia ella, no hacia los pequeños.

VEINTISIETE – Cuando entran gratis a los sitios no oigo que se quejen.

VEINTIOCHO – ¿Eso es una chica o un chico?

VEINTINUEVE – Dice que es feminista, pero luego bien que mueve el culo de fiesta cuando ponen una canción de reggaeton.

TREINTA – Silencio.

TREINTA Y UNA – En la televisión también salen chicos sin camiseta, ¿eso no es cosificar?

TREINTA Y DOS – ¿Has visto a esa? Lleva los sobacos sin depilar… ¡Qué asco!

TREINTA Y TRES – Hombre, pero también hay mujeres machistas ¿no? Y eso es mucho peor.

TREINTA Y CUATRO – Vosotras hacéis maltrato psicológico, pero como no deja marcas…

TREINTA Y CINCO – ¿No te vas a arreglar un poco? Con lo guapa que tú eres… Qué pena que te sobren unos kilitos.

TREINTA Y SÉIS – Se te va a pasar el arroz.

TREINTA Y SIETE – Si hay menos mujeres en puestos de dirección o altos cargos será porque están menos preparadas, no seas quisquillosa.

TREINTA Y OCHO – Esa lo que necesita es una buena polla.

TREINTA Y NUEVE – ¿A quién se le ocurre irse a casa con un desconocido?

CUARENTA – ¿Que los piropos son acoso callejero? Me parece de chiste. Es algo que se ha hecho toda la vida y nunca había pasado nada.

CUARENTA Y UNA – Una mujer tiene que ser femenina, delicada.

CUARENTA Y TRES – Aparta, que tú no entiendes de estas cosas.

CUARENTA Y CUATRO – Se fueron las dos solas de viaje a la otra punta del mundo. Irresponsables.

CUARENTA Y CINCO – Amargada, arpía.

CUARENTA Y SÉIS – Silencio.

Matilde, Blanca, Antonia, J.D.L.M., Virginia, Cristina, Carmen, Laura, Ana, Margaret, Gloria, Dolores, Chávez, Leidy, Erika, Ana María, Yurena, María Victoria, Andra, Rosario, Rosa, Raquel, Eliana, Susana, Valentina, Beatriz, Encarnación, Encarnación, Fadwa, Mª Carmen, Irina,  Mª Raquel, Ana Belén, Catalina, Mª Sofía, Rosa María, Noelia, Felicidad, Ana Belén, María, María Pilar, Lilibet, Jessica, Katharina, Maricia…

Tú.

Yo.

Nosotras.

Fuentes:

http://feminicidio.net/articulo/listado-feminicidios-y-otros-asesinatos-mujeres-cometidos-hombres-espa%C3%B1a-2017

http://estadisticasviolenciagenero.msssi.gob.es/

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El tiempo

Caminaba por la calle intentado buscar esa sensación de pérdida que siempre acompaña a la novedad. Para ello, se había montado en tres autobuses buscando algún lugar desconocido donde no hubiese estado antes. La verdad es que llevaba toda su vida existiendo en aquella urbe y empezaba a hastiarse del paisaje ¿Era feliz? A veces tenía la sensación de no ser capaz de responder a esa pregunta. La tienda de relojes que había montado con su pareja funcionaba y eso, en lo tiempos que corrían, era todo un éxito. No eran ricos pero tampoco lo pretendían; saber que no les faltaría la comida, el techo y un lecho caliente era ya una fortuna. Además, el contacto con el público le parecía interesante y enriquecedor. No estaba triste (de eso sí estaba segura) pero no sentía consuelo al reconocerse en tal afirmación. Le agobiaba aburrirse y se aburría de tanto agobio.

El negocio surgió por casualidad, pero lo construyeron con la convicción de que jamás fracasaría.

-¿Una tienda de relojes?, ¿crees que eso funcionará?

-Claro, la obsesión por el tiempo nunca va a pasar de moda. Es una forma de rentabilizar las prisas.

-Lo dices tú, que eres el hombre más impuntual del planeta.

-Por eso la gente como yo nunca será nuestro público objetivo.

Él era tranquilo ella nervio puro y juntos provocaban el cortocircuito que la luz necesita para nacer o, mejor dicho, para hacerse fuerte (¿no iluminaban ya cada uno por su cuenta?).

-No sé, a mí me aburre contar el tiempo… no me veo vendiendo artilugios que sirven precisamente para eso.

-Contabilizan el presente sí, pero también nos muestran que siempre hay un después. Venderemos esferas llenas de futuro, puede ser un buen eslogan, habrá que darle una vuelta.

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Ilustración de Marcos Severi

Habían pasado muchos años desde aquello y lo cierto es que precisamente eso de lo que vivían, el tiempo, les había demostrado que había sido una buenísima decisión. Pensaba en estas cosas mientras caminaba por un barrio de las afueras, de esos de nueva construcción que todavía están más vacíos que llenos. Tenía antojo de cappuccino, pero no se había encontrado con ninguna cafetería en lo que llevaba de paseo. Cruzó una esquina y se topó con una tienda de restauración. Le divirtió el hecho de que precisamente en aquel contexto de edificios a estrenar y locales libres, hubiese alguien que se dedicara a evitar la muerte de los muebles viejos. Entró por impulso, y por impulsos se quedó. Una anciana saludó desde el mostrador mientras se colocaba las gafas.

-Aquí no vas a encontrar lo que buscas – le dijo mientras se acomodaba en el asiento donde ya estaba.

-¿Cómo dice? En verdad solo he entrado para curiosear.

-¿Te apetece un café?

-¿Es usted pitonisa o algo así? Parece que adivina las cosas.

-No, solo soy vieja. Aunque supongo que a veces es lo mismo.

Le sirvió el líquido ardiendo en una taza de porcelana con detalles en oro y piedra turquesa.

-Vaya, es muy bonita, y tiene pinta de tener muchos años.

-Las encontraron en un buque naufragado. Algunas tuve que pegarlas cachito a cachito.

-Su trabajo parece muy sacrificado, aunque también precioso.

-¿Tú a qué te dedicas?

-Vendo futuro.

-¿Relojes?

Se quedó extrañada, nadie solía acertar solo con esa explicación.

-Sí, eso es.

-El futuro me apasiona, y eso que a mí ya me queda poco.

-¿Por qué?

-Porque está lleno de preguntas. Las personas nos pasamos la vida buscando respuestas, pero yo creo que lo importante es no dejar de hacerse preguntas nunca. Cambiamos continuamente, yo qué sé, la interrogación varía claro, pero mantiene su esencia. Y es bonito ¿no crees? Sin preguntas nada tendría sentido.

-A mí me marean un poco.

-Todo lo que te hace avanzar pasa por turbulencias.

Llegó a casa extasiada de andar y de pensar. Él le recibió con un abrazo, como siempre.

-Tengo una idea, creo que es hora de cambiar el eslogan de nuestra tienda.

-¿Cómo dices?

-Las preguntas, las preguntas son las que marcan el tiempo.

Elecciones

Quedaban pocas horas para su fiesta de graduación y todavía no había decidido qué vestido se iba a poner. El rojo o el naranja; por más que los mirase ninguno le decía menos que el otro. Le parecía ridículo que después de tantos años de esfuerzo, nervios y estudio, fuese aquella nimiedad lo que estaba apunto de acabar con su paciencia (lo cierto es que todo eso de escoger siempre se le dio francamente mal). Agarró las dos prendas y se dirigió al salón de su casa, donde su abuelo pasaba la mayoría de las horas del día. Era un hombre de pocas palabras y grandes conversaciones de lucidez variable, que gustaba de pasar el tiempo en silencio y casi a oscuras. Entró como un torbellino, subiendo las persianas con fuerza y colocándose justo en frente del hombre. Él la miró y sonrió (solía provocar esa reacción en su rostro).

-¿El rojo?

No dijo nada, esperó a que ella desenredase su propio nudo. A menudo, las generaciones que los separaban eran las mismas que los colocaban al mismo nivel.

-No, el naranja es mucho menos pretencioso. Creo que es más apropiado.

Siguió callado, pero esos escasos segundos ya le habían servido para descubrir que la cuestión iba de mucho más que de ropa. De hecho, las prendas tenían muy poco que ver con todo aquello.

-Ay mira, no sé. Lo mejor es que me quede en casa.

El anciano arqueó su ceja izquierda dibujando un porqué de silencio que su nieta entendió a la perfección. Con hastío, se sentó en el suelo y resopló.

-¿Hay alguna manera de saber si la decisión que vas a tomar o has tomado es la correcta?

-Así a bote pronto nunca nadie lo sabe… ¿Cómo vamos a entender del futuro si a duras penas sobrevivimos en el presente?

-Ya, pero habrá algún modo de no equivocarse.

-No te creas…

-¿Y la intuición?

-La intuición es imperfectamente humana. Es más, te diré una cosa: no te fíes de quien frente a todo lo demás prioriza siempre a su olfato.

-¿Por qué?

-Porque la vida va más allá de una primera mirada sin profundidad.

-Todo sería mucho más fácil sin la obligación de elegir, ¿verdad?

-Supongo, y también más aburrido. Al final solo elige quien tiene algo de libertad. Una esclava no suele tener derecho a tomar muchas decisiones… ¿No has oído aquello de que la elección bendice y condena? Eso es caminar.

-Pues me apetece quedarme quieta por un tiempo.

-A veces pararse es avanzar.

-¿Y si me he equivocado?

-Vuelves a empezar. Esa es la magia de la vida, de la que tú tienes y a mí me empieza a faltar.

Revolución

-¡Hola!, ¿vienes a mi casa? Necesito que me hagas una foto.

-Estoy bien, gracias.

-Es que ya sabes como es Fran para esas cosas, si se lo pido a él capaz me saca con la cabeza cortada o el fondo enfocado pero no mi cara.

-Sí bueno, mi día no ha estado mal gracias por preguntar.

-Perdón, estoy un poco nerviosa, ¿entonces vienes?

-En media hora me tienes allí, pero me invitas a cenar. Y nada de plancton, tofu o esas guarradas que tú comes.

-Morirás de colesterol.

-Pero moriré feliz.

-Bueno entonces me voy preparando… ¿Qué me pongo?, ¿el vestido rojo o el verde?

-¿Para qué?

-Para causar buena impresión.

-Eso de la impresión me parece una bobada.

-El verde, que dicen que es el color de la esperanza. Merci, te debo una.

-¿Una pizza?

-O dos, si quieres. Te veo en nada. Un beso.

Sus conversaciones tenían mucho de locura, pero no eran inconexas aunque algún oído ajeno y furtivo pudiese pensarlo al escucharles hablar. Se entendían porque ambos eran huracán.

-No sé ni si tengo batería en la cámara, si no tendremos que esperar un rato.

-Es que ha sido todo de imprevisto.

-¿Para qué necesitas que te saque una foto?

-Para el currículum, he encontrado la oferta de trabajo perfecta.

Al decirlo abrió tanto los ojos que su cara se convirtió momentáneamente en un dibujo animado. Siempre le ocurría cuando estaba emocionada.

-¿Y el taller?

-Ese puesto es perfecto para otra persona que desde luego no soy yo.

-¿Y no tienes ninguna de carnet?

-Supongo, pero odio las fotos así. Si el diablo existe seguro que sube del infierno y entra a este mundo materializado en esos cachitos de papel.

-Un poco exagerada, ¿no?

-Explícame cómo puede ser si no que una imagen del rostro de una persona mienta tanto sobre ella misma. En su DNI mi madre parece una asesina en serie alemana.

-Tu madre es cubana.

-Y una vez lloró por pisar un caracol sin querer. A eso me refiero exactamente.

-¿Y tú en el tuyo qué pareces?

-Alta y normal, pero normal de aburrida.

-Vale, eso sí que es una gran mentira.

-Qué gracioso, ¿eh?

A menudo, sus diálogos se equiparaban a un partido de tenis. Entonces las palabras se convertían en pelotas veloces imposibles de seguir con la mirada sin perderse.

-Hemos tenido suerte, todavía tiene carga.

-¿Dónde me pongo?

-Delante de la ventana, aún podemos aprovechar lo que queda de luz natural.

-¿Me pinto los labios? Me siento más poderosa si los llevo rojos.

Metió la mano en su bolso sin esperar a la respuesta. Muchos de sus interrogantes no necesitaban de una solución externa. Simplemente los decía en voz alta porque parecía que en su cabeza no cabía nada más. Se apropiaba del aire exterior cuando el frenesí no dejaba espacio en su interior.

-¿Por qué cada vez que busco algo en el bolso encuentro de todo menos lo que necesito? Aquí está.

Utilizó la pantalla apagada del móvil a modo de espejo.

-Vale, ya estoy. Ahora… ¿Qué?

-Nada, ya la he hecho.

-¿Cómo? Si no estaba posando.

Se miraron unos segundos, pero ninguno de los dos dijo nada más.

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Ilustración de Marcos Severi

Ella quería verdad en sus fotos y sabía que no había nada más sincero que la rebelión. Ella quería verdad en sus fotos y también sabía que ser una misma era hacer revolución.